"¿Messi? Es irremplazable". Lionel Scaloni no necesitó rodeos el 30 de septiembre, en Córdoba, después del 4 a 0 contra Bolivia. En la misma conferencia dejó la otra mitad de la respuesta. "Buscaremos la manera de jugar igual o con el mismo sentido a través de la pelota". En esas dos frases está el desafío que enfrenta la selección argentina: sostener una identidad que durante años giró alrededor de un solo futbolista, sin ese futbolista en la cancha.
El doble "9", la primera señal
Los amistosos ante Bolivia y Burkina Faso, que la Argentina jugó sin su capitán, ofrecieron las primeras pistas. La más visible está en el dibujo. En los dos partidos, Scaloni apostó por el doble "9", con Julián Álvarez y Lautaro Martínez juntos desde el arranque. Con Messi, esa convivencia era casi imposible: el "10" ocupaba la zona que hoy queda libre, entre los volantes y los delanteros, y el equipo necesitaba un solo punta que le abriera espacios. Sin él, la Selección gana presencia en el área y suma un segundo delantero para incomodar la salida rival.
Contra Burkina Faso, el equipo se paró con un 4-4-2, con Gianluca Prestianni y Nicolás Paz abiertos, y Enzo Fernández y Alexis Mac Allister por el centro. En el complemento, el DT incluso probó a Mac Allister como único volante central, con cuatro jugadores por delante.
El cambio más profundo, sin embargo, no está en el sistema, sino en la circulación. Durante dos décadas, la última decisión pasó por los pies de Messi. Él elegía cuándo acelerar, cuándo pausar y a quién habilitar. La nueva Selección reparte esa responsabilidad. Enzo y Mac Allister manejan los tiempos desde el medio, mientras que Paz aparece como el socio creativo de los delanteros: convirtió en los dos amistosos y fue figura en el Kempes junto con Exequiel Palacios, cuyos pases verticales rompieron líneas.
El antecedente invita al optimismo. En marzo de 2025, con el capitán lesionado, la Argentina le ganó 1-0 a Uruguay en Montevideo y goleó 4-1 a Brasil en el Monumental. Ante los brasileños, con goles de Julián, Enzo, Mac Allister y Giuliano Simeone, el equipo demostró que podía dominar a un rival de jerarquía con la pelota repartida.
Presión con los "11" y nuevos pateadores
También cambia la manera de defender. En los últimos años, Messi tenía licencia para no presionar, y sus compañeros cubrían ese esfuerzo. Sin esa excepción, la Selección puede presionar con todos. Ante Burkina Faso, el equipo mantuvo la intensidad, presionó y disputó cada pelota. Julián, un delantero que se sacrifica para tapar las salidas del rival, es la pieza ideal para ese plan.
Otro hueco tiene que ver con la pelota parada. El rosarino era el dueño de los tiros libres y de los penales. Lautaro se hizo cargo del penal que abrió la goleada ante Burkina Faso, y Paz ejecutó la pelota parada que terminó en el cabezazo de Cristian Romero ante Bolivia. El "Cuti", además, llevó la cinta de capitán en ambos encuentros, una señal del liderazgo que viene.
Una prueba con poca exigencia
Conviene, de todos modos, no apurar conclusiones. Bolivia ofreció poca resistencia y Burkina Faso llegó a Buenos Aires apenas cinco horas antes del partido, con todos sus titulares menores de 22 años.
Quedan, además, tres puestos sin dueño: el lateral derecho, donde Agustín Giay parece haber sacado ventaja, y dos lugares en el medioc ampo, que se disputan Leandro Paredes, Rodrigo De Paul -prácticamente sin lugar en este proceso de renovación-, Thiago Almada, Palacios y el propio Paz. Tampoco está definido quién heredará la camiseta. "La número 10, estos partidos no, hasta el 6 que la va a usar ‘Leo’, y a partir de la siguiente fecha veremos a quién se la damos", explicó el DT.
Lo que sí parece firme es la idea. "Nuestra idea es dominar el partido", sostuvo Scaloni, que se mostró conforme con cómo toca el equipo, "como tiene que ser con esta camiseta". Este martes, contra Benín, Messi jugará su último partido con la Selección. Desde la próxima ventana, la Argentina deberá demostrar ante rivales de peso que puede seguir siendo protagonista sin el futbolista que la definió durante 20 años. El dibujo ya cambió. El estilo, por ahora, no.